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Miguel Ríos Desata el Rugido de un “Hijo del Rock” en el Cervantes

Por María Esther Beltrán

CxuNews / MÁLAGA, Esp.- La Costa del Sol vivió una de esas noches que se quedan grabadas en la memoria. El Teatro Cervantes, a su máxima capacidad, fue testigo de la presencia de un Miguel Ríos en estado de gracia: vocalmente impecable, físicamente ágil y con una libertad de discurso que solo los grandes maestros pueden permitirse.

La velada comenzó con una intensidad máxima. El artista granadino  arrancó con el himno «Bienvenidos». Sin embargo, un fallo técnico en el micrófono dejó su voz en silencio. El público, lejos de callar, reaccionó con gritos de «¡no se escucha!» y silbidos. Con la veteranía que le dan las décadas, Miguel detuvo a la banda, bromeó con el sueldo del técnico de sonido y reinició el tema, logrando que todo el teatro se pusiera en pie para rugir el coro junto a él.

Uno de los puntos más destacados fue la calidad de sus músicos. No fue una banda estática; la versatilidad fue la norma. José Nortes (guitarra y voz), Luis Prado (teclados), Jorge Ruiz (bajo, guitarra y voz) y Samuel Terroso (batería, guitarra y voz) protagonizaron un auténtico juego de sillas musical, intercambiando instrumentos entre ellos a lo largo de la noche en un despliegue de talento que dejó al público boquiabierto.

Resultó asombroso ver a Miguel hablar de la vejez mientras mostraba una energía envidiable. Tras presentar temas de su nuevo disco como «Oro irlandés», y reflexionar sobre la tercera edad, el artista sorprendió a todos subiéndose a los barrotes de un banco que tenía en el escenario, moviéndose con una soltura que desafiaba cualquier temor a una caída , al cantar  “Si pudiera parar el tiempo”, tema que es una radiografía de su existencia y habla de lo que significa tener más de ochenta años.

Bromeo con el público, al ver que se paraban de sus asientos para ir al baño. “Comprendo la necesidad de salir. Me sorprende que esté aguantando tanto”.

Ríos utilizó el escenario como altavoz para su conciencia social. Criticó con ironía a quienes aún creen que la Tierra es plana y a quienes ignoran el cambio climático,  conectando este mensaje con su música con el tema “No es la tierra. Estupido eres tú”.

El momento más emotivo llegó con la interpretación del «Himno a la Alegría». Con el teatro en pie y tras una reflexión sobre la paz y el conflicto en Gaza, el público estalló en un grito unánime de «¡No a la guerra!». Miguel, luciendo el pañuelo palestino, defendió la libertad de su generación para seguir cuestionando las injusticias del mundo.

La anécdota de la noche fue su «dueto» con el público en «Insurrección». Tras explicar que Manolo García no pudo asistir por agenda, Ríos pidió a la audiencia que hiciera las partes del catalán, pidiendo silencio con la mano —entre risas— cuando alguien se adelantaba.

La nota dulce y potente la puso la malagueña Anni B Sweet, quien se unió al maestro para una emocionante versión de «El Río», uniendo el pasado dorado del rock con el talento actual de la tierra.

Desde los clásicos como «A todo pulmón», «El último vals» o la mítica «En la rampa de salida», hasta la esperanza de «Hoy puede ser un gran día», el concierto fue un viaje por la memoria colectiva de España.

Sin duda este concierto se quedará en la memoria de quienes lo vivieron. Es un regalo ver y escuchar a Miguel Ríos, un referente de la música en español.

Además que como él lo mencionó es un hombre de convicciones y las defiende donde vaya. Además que viene de una generación que vivió libertad y vivió sumándose a diferentes luchas sociales  y políticas.

Al salir del teatro, el debate estaba servido. Mientras la mayoría salía conmovida, algunos hombres comentaban que Ríos «debería limitarse a cantar y no dar discursos políticos». Sin embargo, fue precisamente esa mezcla de rock, opinión y desafío a la edad lo que hizo que la noche en el Cervantes fuera, sencillamente, inolvidable. Miguel Ríos no solo cantó; dio una lección de vida.

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